El 14 de febrero de 2027, Ecuador irá a las urnas para elegir prefectos, alcaldes y concejales.
¿Cómo usar el tiempo para aumentar tus probabilidades de conseguir tu objetivo político? Aquí algunas reflexiones.
El tiempo es el factor individual más importante en una campaña electoral. A diferencia del dinero, el tiempo tiene fin y no se puede comprar.
Aunque un año parezca distante, en política local un año pasa volando. Muchos proyectos necesitan soltar amarras, ponerse los zapatos, calentar la garganta y salir a la calle si quieren aumentar sus probabilidades de triunfo.
Usar bien el tiempo significa tener un plan. Una estrategia con etapas bien definidas que respondan a un objetivo concreto, de acuerdo con el contexto.
A nivel local, más que lo ideológico, importa la identificación con el candidato y con su causa.
A un año de la elección deberías estar fortaleciendo tu nivel de conocimiento.
En tu cantón, que la gente te conozca y te atribuya valores positivos es clave si quieres tener opciones reales.
Antes incluso de inscribirte como candidato, deberías ser conocido por al menos la mitad del electorado. Si estamos en febrero y las inscripciones serán entre agosto y septiembre, tu objetivo inmediato debe ser presentar tus credenciales a la ciudadanía.
Tu comunicación debe responder preguntas básicas pero decisivas:
• ¿Quién eres?
• ¿Qué te mueve?
• ¿Por qué quieres ser alcalde o prefecto?
Evita, en esta etapa, las discusiones ideológicas. A la gente le interesa que sus autoridades locales le resuelvan problemas locales, aunque tengan opiniones fuertes sobre la política nacional.
Una vez que te presentaste, viene la etapa que suelo llamar la etapa de la causa.
Aquí debes lograr que tu causa tenga resonancia local.
¿Qué ciudad quieres?
¿Una sin corrupción?
¿Una más limpia?
¿Más equitativa?
¿Una donde se rompan viejas estructuras de poder?
¿O una que recupere el orden y el rumbo?
Detectar la causa que puede conectarte con el electorado puede ser la mitad del éxito de tu campaña.
Hablo de causa, no de programa de gobierno. Los programas casi nadie los lee.
La causa debe poder resumirse en una frase. Y, sobre todo, debe estar alineada con tu imagen. No puedes levantar la bandera anticorrupción si la ciudadanía te percibe como parte del problema.
Esta etapa te permite sumar apoyos más allá de lo ideológico, contrastar con tus rivales y hacer que tu proyecto sea reconocible. Si sabes comunicarla bien, tu campaña dejará de ser una copia de otras y empezará a tener identidad propia.
Cuando eso ocurre, la intención de voto empieza a moverse a tu favor.
Cuando ya te conocen y entienden tu causa, recién ahí puedes pedir el voto.
En política local, no hay herramienta más poderosa que mirar a la gente a los ojos, tocar puertas, sentarte en la mesa de una familia y escuchar.
La campaña abierta debe ser un recordatorio de todo lo que construiste durante el año anterior.
Los spots, los eventos y los recorridos no deben improvisar una identidad nueva, sino resumir lo que ya eres y lo que ya has demostrado.
La campaña no se inventa en los últimos 60 días.
Se construye durante los 365 anteriores.
En política local no gana el que más grita, ni el que más pauta paga en los últimos meses. Gana quien entendió que el tiempo es estrategia, que primero se construye identidad, luego causa y finalmente voto. Un año antes de la elección no es demasiado pronto: es, en realidad, el momento exacto para empezar. Porque cuando llegue febrero de 2027, la ciudadanía no votará por el mejor discurso de última hora, sino por el proyecto que sintió cercano, coherente y verdadero durante todo el camino.


