Es común que en un equipo de campaña se confundan los roles del jefe de campaña con el del estratega. O, simplemente, que el candidato no tenga claro si necesita a uno o al otro. Aquí va un adelanto: realmente necesita a los dos.
En este blog intentaré diferenciar las tareas de cada uno y explicar por qué ambos son fundamentales.
El estratega, generalmente, es un consultor externo que no proviene del entorno más cercano del candidato. Viene de fuera, precisamente para tener perspectiva y no caer en las dinámicas de grupo que suelen formarse al interior de una campaña.
Es el encargado de definir —como su nombre lo indica— la estrategia. Desde mi metodología, esto implica la construcción de la narrativa, los mensajes, los símbolos, la estructuración del tiempo, del territorio y de las acciones necesarias para alcanzar los objetivos políticos.
El estratega entrena al candidato en su hoja de ruta y su discurso; orienta al equipo de comunicación sobre los mensajes clave y las formas; y guía al equipo territorial en la planificación del terreno.
No cumple un rol operativo. Si se dedica a resolver los problemas del día a día, pierde perspectiva y tiempo en acciones tácticas, descuidando su tarea principal: escribir la partitura para que los músicos suenen afinados.
El jefe de campaña, por su parte, sí cumple un rol eminentemente operativo. Generalmente es una persona de absoluta confianza del candidato, con capacidad de decisión y manejo de recursos.
Es quien articula la estrategia en la práctica. Opera con los distintos equipos —territorio, logística, financiero, comunicación— y se asegura de que cada engranaje funcione.
Su rol no es definir los mensajes ni el ritmo estratégico de la campaña, sino interpretar la partitura y poner a los músicos en movimiento. Su función es clave porque hace que las cosas sucedan.
El estratega y el jefe de campaña son dos roles esenciales. Cuando cada uno cumple su tarea y el equipo entiende las diferencias, la campaña funciona como un mecanismo sincronizado.
Existen campañas que ejecutan mucho, pero no tienen un plan claro. Allí es donde el estratega, con su mirada externa, aporta sentido y dirección.
También ocurre lo contrario: candidatos que quieren asumir el rol de jefe de campaña. Es un error. Eso desgasta, distrae y consume energía. Tener a alguien que operativice permite que el candidato se concentre en lo verdaderamente importante: conseguir los votos necesarios para ganar.


