El arte y las campañas políticas

Soy defensor de que las campañas deberían tener más arte, pero es complicado encontrarse con un político que se atreva a hacer cosas distintas. La mayoría prefiere lo tradicional: la estética partidista, una canción que hable del partido, de la propuesta aburrida que se repite una y otra vez.

La mayoría de los mítines son aburridísimos porque responden a la misma lógica de hace décadas, cuando el único entretenimiento era la radio y la comparecencia de un político era una novedad en pueblos donde rara vez pasaba algo.

Hoy eso cambió. En la era del entretenimiento, la política aburrida ha ido perdiendo espacio. Y es allí donde el arte debería jugar un papel importante, llenando las campañas de color, con canciones que evoquen —más que un número— la emoción de pertenecer. Es ahí donde el arte puede agrupar a artistas, cantantes y muralistas que apoyen no a un político ni a un partido, sino a una causa.

Uno de los políticos que entendió esto fue Zohran Mamdani, recientemente electo alcalde de Nueva York, con una campaña que desplazó los colores tradicionales del Partido Demócrata por una paleta que evocaba la clásica tarjeta del metro. Semiótica pura. Sus videos estaban llenos de arte, de murales, de símbolos urbanos.

Y es que, en un mundo que cada vez desconfía más de los políticos, vestirse como uno de ellos no parece una buena idea, aunque miles sigan creyendo que sí. Esto se debe, en parte, a que muchos políticos tampoco entienden muy bien el arte, a diferencia de Mamdani, que proviene de una familia donde su madre es cineasta y su padre antropólogo.

Quizá la campaña de Mamdani no empezó cuando fue candidato, sino mucho antes: en la sensibilidad artística sembrada por sus padres desde casa.

Mi consejo final sería que si tienes la oportunidad de contratar un estratega político busca uno que te haga entender la importancia del arte. Él, quizá, encontrará gracias a su sensibilidad artística, la frase, el ritmo, el color, el camino para que tu campaña no se convierta en una más.

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